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El sueño de todos nosotros es aprovechar bien la vida; es vivir mejor. Todos deseamos vivir en paz, tener una buena relación con Dios, y con la gente; ser guiados por Dios; tener buena salud física y emocional, y ser bendecidos materialmente. Pero, ¿Es posible vivir disfrutando todo esto, o es un sueño imposible?

El capítulo tres de Proverbios nos da la respuesta (Proverbios 3:1-10). En el texto aparece una instrucción para la vida, presentada en cuatro órdenes divinas que debemos obedecer. El resultado de nuestra obediencia, será vivir mejor. Veamos:

“Hijo, mío, no te olvides de mi ley” - Esto significa recordar constantemente las enseñanzas de la Palabra de Dios, especialmente, en una época donde la enseñanza y el aprendizaje de la Palabra se han puesto fuera de moda. La falta de entrenamiento en la sana doctrina, es la causa de tantas enseñanzas falsas, y la consecuencia de ello se ve en matrimonios divididos, en hogares inestables, en corazones llenos de confusión y ansiedad, y en finanzas mediocres. 

“En vista de la continua y atroz ignorancia entre los cristianos, acerca de los hechos bíblicos básicos, y de las doctrinas cristianas, la iglesia hace bien en prestar más atención al mensaje de este versículo” (The Interpreter’s Bible - TIB).

“Largura de días” significa una vida que vale la pena vivir; una vida que se puede llamar “vida”, pues no se trata solamente de la extensión de tiempo, sino de la calidad de vida.

Luego tenemos la orden de practicar la misericordia. Esto involucra el amor mostrado por Dios al hombre; por el hombre a Dios; y por el hombre y a su compañero. Dios está hablando aquí del amor leal, y tiene que ver, en primera instancia, con la lealtad al pacto, y con el pacto que hemos hecho con Dios el día de nuestra conversión a Su Hijo, el Señor Jesucristo. La misericordia incluye la fidelidad en hacer que el amor no se transforme en un sentimentalismo débil, que dependa de las circunstancias o la conveniencia, ni tampoco ir al otro extremo, el cual es, que la fidelidad se transforme en legalismo. 

“Verdad” significa fidelidad en cumplir las promesas a Dios y a los hombres. Misericordia y verdad son los dos atributos de Dios, por los cuales es conocido en su trato con nosotros, y que debemos imitar (Mateo 5:48 “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”).

Dios dice que debemos “atar” la Palabra de verdad a nuestro cuello. Esta es una expresión que se asemeja a la costumbre de los judíos de usar filatelias, y significa mantener siempre presente la Palabra de Dios en nuestra mente con el propósito de obedecerla todos los días. 

¡Pero hay más! Dios dice que las grabemos “en la tabla del corazón”. Tenemos otra referencia maravillosa en cuanto a esta orden, y se encuentra en el libro del profeta Jeremías (31:33), donde Dios nos dice que él crea en nosotros el deseo intenso de obedecer.

¿Y cuál es la promesa de Dios cuando le obedecemos? Él dice en nuestro texto de Proverbios que hallaremos gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de la gente” (v.4). ¿Hay alguno de ustedes que acaso no desee gozar del favor de Dios? ¿Y del favor de la gente; es decir: de ser vistos con agrado? Todos los seres humanos deseamos ambas cosas. La Biblia dice que el Señor Jesucristo tuvo favor con Dios y con los hombres aun en su niñez. Esto nos hace pensar en nuestros niños. ¿Podemos ver cómo Dios y la gente los miran con agrado? ¿Podemos verlo en nosotros? 

Creo que la siguiente orden que aparece en el texto de Proverbios refuerza la orden de obedecer a Dios, y luego presenta el resultado: “Fíate del Señor” significa confiar en Dios con todo nuestro ser. Un comentarista bíblico dijo: “El secreto de encontrar el camino de Dios y recibir su bendición, es confiar en él con todo el corazón” (The Interpreters Bible).

La Biblia dice que debemos “reconocer” a Dios (v.6). Dios demanda absoluta obediencia para poder bendecirnos, y lo hace dirigiendo nuestros pasos. Debemos renunciar a la idea moderna de ser autosuficientes e independientes de Dios. Por el contrario, nuestra sumisión diaria a Él le glorifica, cumpliendo de ese modo el propósito por el cual nos ha creado, y además, Él nos guía y corrige constantemente el curso de nuestra vida para que no nos desviemos. 

La siguiente es una orden transformadora “Teme al Señor y apártate del mal” (v.7). Cuando Job le pidió a Dios sabiduría para vivir, esta fue la respuesta. (Job 28:28 “Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”). Por la misma razón, Dios dice: “no seas sabio en tu propia opinión”. Aunque Dios nos dio inteligencia, debido a la presencia del pecado no podemos depender de ella. Debemos ser humildes y depender de Dios, pidiendo sabiduría para cada día. La sabiduría surge de la reverencia (o temor) de Dios. (Romanos 12:16).

¿Y qué promesa viene como resultado de esta orden de Dios?: Él nos promete que recibir Su sabiduría y apartarnos del mal (incluyendo el mal de no querer someternos a Él), será “medicina a nuestro cuerpo y refrigerio para nuestros huesos”. ¿Sabía usted que el estado moral de una persona influye en su condición física? Alguien dijo: “La humildad reverente -el temor a Dios- es como un tónico para los nervios” (Wildeboer).

La última orden de Dios que aparece en nuestro texto de Proverbios es: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (9,10). Dar a Dios nuestros bienes, es un asunto de honra, es decir, de mostrar respeto y reverencia por él. Una demostración práctica de nuestra confianza en el Señor, se nota en cómo le honramos con nuestros bienes materiales. No hacerlo, es confiar en nuestra sabiduría humana limitada; es “apoyarnos en nuestra propia prudencia”. Los cristianos que tememos a Dios, honrándole con los bienes como el Rey que él es, conocemos las bendiciones de Dios. Si usted no es un dador alegre al Señor, ¿cómo le está yendo hasta ahora en todas las áreas de su vida? (No sólo en lo material). Y recuerde: el hecho de que algunos hayan abusado de usted, usando este texto para manipular sus emociones, no le excusa de la orden de amar a Dios correctamente. 

En resumen, la instrucción para la vida que Dios nos da hoy, está basada en cuatro órdenes, que cuando las obedecemos, producen los mejores resultados para vivir mejor.