En el evangelio de Mateo (22:1-14) encontramos una parábola que el Señor Jesucristo dijo, y que haremos bien en entender: se trata de la parábola del banquete de bodas. Esta parábola es la continuación de la parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33-45). En el 21:43 el Señor Jesucristo explica que los líderes judíos le rechazaban como Mesías, y que eso tendría serias consecuencias. En el v.45 los líderes entendieron la parábola, y por eso se ofendieron y buscaban cómo quitar a Jesús de en medio.
El banquete del rey tiene abundancia de lo mejor; nada puede interesar más que ir al banquete, sin embargo, los primeros invitados rechazaron la invitación del rey. El concepto de Las “bodas” de Jehová con su pueblo Israel, eran una enseñanza muy familiar para los judíos. Los judíos eran los “invitados” desde que Dios los escogió como Su pueblo. Los servidores eran los profetas, pero los judíos no se prepararon para la aparición de su Rey, aun cuando se les anunció que todo estaba listo para su llegada triunfal. Cuando Juan el Bautista, el último de los profetas, declaró abiertamente que el Mesías estaba ya entre ellos, los judíos no quisieron venir a Él. En la parábola, el rey insistió dando detalles al enviar al segundo grupo de siervos. La expresión: “todo está preparado,” probablemente señala el tiempo posterior a la muerte, resurrección y ascensión de Cristo y a la venida del Espíritu Santo. La parábola parece tener un significado profético, y cuando Mateo escribió su evangelio, seguramente lo entendió de esta manera. Los judíos continuaron rechazando al Señor Jesús. Los primeros invitados fueron indiferentes y prefirieron sus intereses personales; los segundos fueron hostiles y perseguidores. Así que, no eran dignos; no reconocieron su situación ni aceptaron la invitación de Dios; rechazaron al Mesías y quedaron espiritualmente “desnudos”, pero no les importó. El rey se enojó y ordenó la destrucción de todo. Debemos recordar que en el año 70 d.C. Tito y Vespaciano invadieron y destruyeron Jerusalén “la ciudad del gran Rey”. El Señor Jesús lo había profetizado (Mateo 23:37.38). Luego, el rey mandó llamar a otros para que viniesen tal como están y desde donde están. Estos respondieron viniendo sin dudar; no esperaban tal gesto generoso del rey. Sin embargo, no se podía entrar al banquete sin estar apropiadamente vestidos. ¿Pero cómo habrían de encontrar estos invitados (no llamados como los primeros) ropa apropiada para entrar en el banquete de bodas del rey? Evidentemente, había un código de vestimenta para poder asistir. Pero el hombre que se presentó sin vestir la ropa de bodas, no le dio importancia al banquete del rey, creyendo que de todas maneras sería aceptado. No estar vestido apropiadamente para la boda, era una ofensa al rey y a su hijo. El hombre quedó sin poder defenderse cuando el rey lo confrontó; es decir: no pudo ni siquiera pensar en una excusa válida con la cual defender su derecho de estar en el banquete del rey; quedó mudo porque supo que era un intruso. El rey lo rechazó y lo echó fuera, de la maravillosa luz de su banquete, a la oscuridad, donde el hombre sufrió el peor de los remordimientos por haber rechazado al rey y a su hijo, y sin la posibilidad de poder entrar al banquete jamás.Así que, en esta parábola, nuestro Señor nos muestra las respuestas de la gente a la invitación de ir al cielo, pero también nos muestra las condiciones para llegar allí.
¿Quiere ir al cielo? Si le interesan más sus asuntos personales, o si desprecia la invitación de estar en el reino de Dios, es porque usted aun no reconoce que está perdido. Usted aún está ciego y no ve el peligro de su perdición. Si reconoce que está perdido, confiese esto a Dios, pídale perdón y deje su pecado. Luego, reconozca y acepte quién es Jesucristo, y lo que él hizo para salvarle del castigo que usted merece. Acepte la invitación de Dios a ser salvo. La iglesia está formada por los que aceptan, creen y confían que Jesucristo salva a los pecadores arrepentidos. Quienes lo hacen, están aceptando la invitación de Dios a ser salvos y a gozar del cielo. Luego, recuerde que para poder entrar en el cielo, usted debe estar vestido de Cristo. No trate de ganar su salvación por sus propios pedidos, ya que solamente quienes están vestidos de Cristo son salvos. (Gálatas 3.27). La iglesia está formada por los escogidos por Dios; los demás no entran. No es posible entrar al reino de Dios según nuestras propias ideas, o condiciones, o por medio de nuestras obras. La Biblia dice que sólo entran los que son hechos por Dios “nuevas criaturas”. No se puede entrar por nuestros propios medios. Dios proveyó el camino al cielo, la vestidura de rectitud para entrar al cielo, y todo esto es por pura gracia de Dios en Cristo.
¿Pasa usted el “test de la vestidura”? En otras palabras: ¿está usted vestido de Cristo? ¿Ha respondido al llamado de Dios a ser salvo?