Slideshow image

Ser cristiano se manifiesta en una vida diferente. No estamos refiriéndonos a un tipo de persona que busca ser diferente por sus propios medios, o a aquel que busca la religión para tratar de sentirse mejor consigo mismo. Un cristiano es una persona que manifiesta tener una vida diferente, gracias a la transformación que Dios ha hecho en su vida. Un cristiano es un ser hecho santo por Dios, que vive como un viajero en la tierra, y está sometido a Dios, y permanece amando a la familia de Dios. 

Tenemos una vida diferente porque somos santos (1 Pedro 1:13-25). Somos llamados a perseverar en la vida de santidad. Así como los antiguos debían aferrarse la ropa a la cintura para poder correr o trabajar, de la misma manera, Dios dice que nosotros debemos prepararnos para la acción diaria de vivir una vida santa.  Dios es santo y nos apartó del mundo para salvarnos y santificarnos. Dios hizo esto con Israel, y luego lo extendió a todos, a nosotros, sus redimidos, Su iglesia. 

Santidad significa apartarse de todo lo que Dios determina que es pecado, de aquel tipo de vida que teníamos antes de conocerle, y en cambio, acercarnos a todo lo que es verdadero, puro, amable, virtuoso, digno de alabanza (Filipenses 3:14). Ambas órdenes (apartarse de lo malo para buscar lo bueno), son, además, actitudes proactivas muy intensas, es decir, requieren un esfuerzo intenso y diario. El cristiano no puede descuidar este aspecto, porque vive cada día en medio del campo de batalla del mundo. Perseverar en la santidad no es una obra para ser salvos, sino la manifestación que revela diariamente que somos salvos. 

Tenemos una vida diferente porque estamos sometidos a Dios. Hay un tipo de temor que no contradice la confianza. Por ejemplo, cuando conducimos nuestro vehículo, usamos un tipo de temor saludable a posibles accidentes, y ese tipo de temor evita que conduzcamos mal. El temor saludable a un juicio, produce que no queramos cometer un crimen. El temor a Dios produce ser constantemente conscientes de Su presencia, y eso nos ayuda a escapar del pecado. Dios dice en su Palabra que él evaluará nuestra vida; la manera en la cual andamos como peregrinos en la tierra, desde que nacimos de nuevo en Cristo hasta que él regrese, o nos lleve a Su presencia. La manera de vivir que recibimos de nuestros padres fue imperfecta y pecaminosa, porque ellos también fueron pecadores. Nosotros tenemos una vida diferente. Dios dice: rechacen esa manera de vivir y vístanse del nuevo hombre (Efesios 4:24 “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad). El viejo hombre es hecho por el hombre, el nuevo hombre es creado por Dios por medio del sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz, y por Su resurrección. Por esta razón, nuestra fe y esperanza están en él porque él vive; nuestro viaje por esta vida concluye en la gloria de Dios.

Tenemos una vida diferente porque amamos a la familia de Dios. Dios purificó nuestras almas cuando obedecimos a la verdad del evangelio, gracias a la convicción del Espíritu Santo. En ese momento fuimos salvos; Dios nos adoptó, y nos hizo parte de su familia, que es la iglesia. Nuestro amor por la iglesia es posible gracias al nuevo nacimiento en Jesucristo. Como nuestro Padre, Dios ama, provee, defiende, guía y corrige a Su familia. Cristo, quien es la simiente incorruptible, el Verbo encarnado, la Palabra de verdad, nos hizo renacer y nos apartó para él, nos unió con el Padre y nos bautizó en su Espíritu Santo, dejándonos el mandamiento de ser santos, y de amarnos unos a otros en santidad, como él nos ama. Las personas no cristianas no entienden esto, porque es una obra de Dios que sólo se puede entender por medio de la conversión a Cristo. No obstante, él dijo que el mundo puede creer en él al ver nuestro amor unos por los otros. Esta vida diferente que vivimos; esta comunidad diferente que somos, es un mensaje elocuente del poder transformador de la Palabra de Dios. 

Dios nos dio una esperanza viva. Él nos hizo coherederos con Cristo, a quien esperamos anhelantemente. Somos diferentes. ¡Somos de Dios! ¡Tenemos una vida diferente!